Es la pregunta que más nos llega por WhatsApp: ¿cuánto sale una tarjeta con relieve? Y la respuesta honesta es que depende, pero no de una forma misteriosa: depende de cosas concretas que podés decidir vos. En el taller, cuando armamos un presupuesto, miramos siempre las mismas cinco o seis variables. Te las contamos todas, sin vueltas, para que entiendas qué estás pagando y dónde tenés margen para ajustar.
Antes que nada, una aclaración de fondo: el letterpress no se cotiza como la impresión digital. En digital pagás básicamente por hoja impresa. Acá pagás sobre todo por preparación: hacer el clisé, calzar la máquina, regular la presión, entintar. Una vez que la Minerva está andando, tirar 100 o 300 tarjetas no cambia tanto el costo. Por eso el precio unitario baja fuerte cuando sube la cantidad.
1. La cantidad de tintas (y de pasadas)
Esta es la variable más pesada de todas. Cada tinta es una pasada distinta por la máquina: un clisé propio, un calce propio, una regulación propia. Dos tintas no cuestan un poquito más que una: cuestan casi el doble de trabajo de preparación.
- Una tinta. Lo más común y lo más económico. Con un buen diseño rinde muchísimo.
- Bajorrelieve ciego. Sin tinta, solo la marca en el papel. En preparación cuesta parecido a una tinta, pero te ahorra el entintado.
- Dos tintas. Duplica clisés y calces. Vale la pena cuando el color aporta algo real, no como decoración.
- Doble faz. Sumá otra pasada por cada tinta del dorso. Un dorso en ciego suele ser el mejor equilibrio.
Si el presupuesto aprieta, lo primero que sugerimos es bajar a una tinta al frente y resolver el dorso en bajorrelieve ciego. Queda elegante y baja el costo bastante. Lo desarrollamos más en la guía de color y tintas en letterpress.
2. La cantidad de tarjetas
Como el grueso del costo es la puesta a punto, la tirada manda en el precio unitario. Pedir 50 tarjetas casi nunca conviene: pagás toda la preparación para muy pocas piezas. De 100 para arriba el número empieza a cerrar, y de 200 o 300 en adelante el unitario cae de manera notoria.
Dicho eso, tampoco recomendamos pedir 1.000 tarjetas «porque sale más barato cada una» si vas a entregar treinta por mes. Si el teléfono, la dirección o el cargo te pueden cambiar en un año, el ahorro se te queda en un cajón. Pedí lo que vas a usar en un plazo razonable.
3. El papel
El papel es un costo real, pero pesa menos de lo que la gente imagina. Para tarjetas trabajamos con Wild Natural, un papel de algodón con textura que recibe el relieve como pocos: la marca queda profunda y limpia. Hay papeles más baratos, sí, pero comprimen distinto y el relieve pierde definición, que es exactamente lo que viniste a buscar.
Donde el papel sí mueve la aguja es en el gramaje y en las tarjetas dobles (dos papeles pegados, con canto de color o sin él). Eso suma material y suma mano de obra. Si te interesa el tema, está todo en nuestra guía de papeles para tarjetas.
4. El diseño y el archivo
Si llegás con un archivo bien preparado —vectores, tipografías a curvas, medidas correctas—, ese ítem no existe en el presupuesto. Si necesitás que lo diseñemos nosotros o que rearmemos un logo que solo tenés en JPG, es trabajo aparte y lo cotizamos aparte.
Hay además decisiones de diseño que encarecen la impresión sin que se note en la pantalla: fondos con mucha superficie cargada de tinta, filetes finísimos, tipografías de trazo muy delgado en cuerpos chicos. Todo eso obliga a más pruebas y más regulación en máquina. No es que no se pueda: es que lleva más tiempo, y el tiempo es la mayor parte del costo.
5. Los terminados
Corte con esquinas redondeadas, canto pintado, un troquel especial, un tamaño fuera de estándar. Cada uno de estos agrega un paso manual. Son detalles preciosos y los hacemos con gusto, pero conviene decidirlos al principio y no cuando el trabajo ya está en marcha.
Entonces, ¿cuánto sale?
Los precios de referencia por producto los tenemos publicados en las páginas de tarjetas, carpetas y etiquetas. Ahí vas a poder hacerte una idea rápida según cantidad y tintas. Para algo puntual —una medida rara, doble faz, canto pintado— lo mejor es escribirnos con la idea y te pasamos el número exacto.
Una última cosa, y la decimos con honestidad: el letterpress no es la opción más barata para imprimir tarjetas. Si lo que necesitás es volumen a bajo costo, la impresión digital hace bien ese trabajo y no tenemos problema en decirlo. Lo que ofrecemos es otra cosa: una pieza con marca física en el papel, hecha en máquinas Chandler & Price de 1890, que se siente distinto cuando alguien la agarra. Ese diferencial se paga, y tiene sentido cuando la tarjeta es parte de cómo te presentás.
¿Tenés un proyecto en mente y querés saber cuánto sale? Escribinos con la cantidad, si es a una o dos tintas y si lleva algo especial, y te armamos el presupuesto. Si vemos una forma de que te salga más económico sin resignar calidad, te la decimos.
